Volver a juntar los fragmentos de una vasija rota

El pensamiento de Benjamin profita en el lenguaje. Es lo que he logrado advertir al poco tiempo de conocerlo, y de haber constituído para mí, su pensamiento, una de las más grandes revelaciones de mi vida. Y es que su filosofía está llena de riesgos.[1] Los que no quieran sumergirse en el mundo de Walter Benjamin, sencillamente, no quieren correr los riesgos de su pensamiento, los riesgos de la selva-Benjamin que opera con múltiples golpes. La filosofía de Benjamin no es “a martillazos”, pero si es a punta de piedras, golpes, ladrillos lanzados desde el otro lado de la acera. Algo así como una lapidación al hecho fatal de habernos vuelto insensibles.


He llegado a pensar que todo filósofo constituye una retina. Algo así como “una perspectiva”. Respecto a este tema, es interesante observar la visión que tiene Deleuze sobre Leibniz y Nietzsche: Son pensadores de la perspectiva. En Leibniz esto es palpalble, evidente: La misma categoría de apercepción lo muestra. Vemos claramente una parte del mundo, sólo una parte de él: El mundo es para nosotros un claro-oscuro que, en nuestra perspectiva, en nuestro “punto de vista” (en el sentido literal que el punto de vista significa, un punto desde el que se ve, se observa) se encuentra justamente iluminado. La pintura tenebrista de Caravaggio y José de Ribera son verdaderas expresiones de esta “perspectiva” de la que hablo, que se realiza en la superficie, y que posee intensidades de luz, pero intensidades que son en retazos nunca ordenados, nunca centrados en lo que se debe ver sino simplemente en lo que se ve por azar y obra de la posición, del punto, así como de la luz del punto; los focos. El ser-ahí de Heidegger no sería, entonces, el Dasein, sino más bien esa parte iluminada del ser en nuestra perspectiva, en nuestra percepción leibniziana.


¿Qué parte del ser está iluminando Walter Benjamin? ¿Cuál es su perspectiva? Benjamin, en primer término, ilumina lo oscurecido por la verdad de los vencedores, por la imposición de unas perspectivas apercepcionales sobre otras mediante la fuerza. En segundo lugar ilumina el lenguaje. Quiere rescatar al lenguaje del olvido al que lo ha condenado la palabra, que se bifurca y se dispersa en técnicas de la razón y el discurso una y otra vez hasta hacer del lenguaje mismo una pura quimera, una pregunta en desuso. Pero Benjamin no desconstruye. No realiza él un ejercicio heideggeriano, como muchos filósofos de su época. Tampoco es un crítico social, un teórico-crítico, como sus colegas de la Escuela de Frankfurt. El es un filósofo del riesgo; de la frontera riesgosa que hay entre el hombre y la comunicación del ser del hombre.


En Benjamin lenguaje es sinónimo de expresión. No está de acuerdo con la frase de que “sólo los hombres tienen lenguaje”. Los hombres poseen palabra, pero todas las cosas poseen lenguaje. Hasta una piedra posee un lenguaje, por que quiere comunicar algo mediante la expresión de ser-piedra, de estar aquí o allá. Lo que comunica es su ser. El lenguaje propiamente humano puede ser, quizás, el más rico de todos los lenguajes, pero no el único lenguaje. Sin embargo, hay algo que es propio del hombre, que es el acto de nombrar. En el acto de nombrar el lenguaje se vuelve hacedor y consumador. En el nombrar hay la llamada de algo-otro, un tiempo-lugar donde la alteridad misma se manifiesta, ya que nombrar es siempre nombrar un otro.


En el nombrar está viendo Benjamin el acto infinito mediante el cual otorgo un sentido al otro. El otro se manifiesta en mí en el nombrar; como cosa, como ser humano, como fenómeno.


Parece que el problema del otro es común a todos los pensadores judíos. No debemos olvidar que Benjamin intentó, muy genialmente por lo demás, develar el núcleo “teológico” del materialismo histórico en sus Tesis sobre el concepto de historia. En más de alguna ocasión, los judíos reclaman para sí un humanismo distinto al occidental iluminista-ilustrado; un humanismo que no está basado en los atributos de la razón universal, sino más bien en una relación con el otro que es inmediata, pero que también es precaria, por que su inmediatez como “otro” implica un cuidado. El otro aparece en el pensamiento judío (no necesariamente talmúdico) como otro frágil. Pero hay otra preocupación que motiva a Benjamin por el problema de la otredad en el lenguaje; el fascismo.


Todo lenguaje implica una traducción. Y la idea de traducción implica una fisura en el querer decir, una imposibilidad en la intención de lo que se quiere comunicar. El lenguaje, como expresión, es ya comunicabilidad del ser, comunicación o traducción de algo más esencial que la expresión misma. Pero entre las lenguas expresivas, decidoras, comunicadoras, existe además de esta fisura, esta imposibilidad, un parentezco o lenguaje que es entre ellas mismas. El “lenguaje de los lenguajes”, o, como diría Benjamin, lenguaje de la verdad. Este es un modo de decir que las lenguas (no así el lenguaje) no son si no “trozos” de una vacija rota que es necesario recomponer. En el acto de traducir, por tanto, no sólo estamos intentando traducir de una lengua a otra, de un sistema cultural de comunicación escrita y hablada a otro, sino ante todo, estamos intentando traducir de esa lengua “x” a otra, para descubrir así el lenguaje superior confinado. La traducción es la necesidad del ser de exteriorizarse, de desplegar su posvida, su vida más allá de la lengua “nacional”. En este sentido también encontramos una respuesta al fascismo: No hay una lengua superior a otra, sino tan sólo un lenguaje de la verdad que es superior a todos y que reside en el ser mismo, y en su comunicabilidad primera, en su expresión en tanto ser.


En estas luces benjaminianas podemos encontrar una afirmación tremenda: El artista despliega la posvida del ser. Deleuze dice que el músico es aquel que, del flujo natural, del devenir de los sonidos-ruidos que hay dispersos en la realidad sonora, saca algunos, los extrae. Extrae y organiza. Así mismo, el filósofo, continúa Deleuze, extrae conceptos de un devenir, el devenir de los instantes. ¿Cómo extrae nombres del devenir del ser la comunicabilidad del ser misma, la palabra del ser, el lenguaje del ser? La traducción, para Benjamin, es un “instrumento provisorio” para encontrar-extraer ese lenguaje de la verdad, la expresión, el sentido que vive en el ser, si es que, respecto al ser, puede hablarse de sentido.

El pensamiento de Benjamin no se agota en el lenguaje. Temo a extenderme demasiado en este pequeño ensayo, por lo cual, me gustaría dejar planteadas dos cosas que resuenan en Benjamin: El primero de ellos es el problema del tiempo; toda lengua es en un tiempo, y todo lenguaje humano expresa una temporalidad. Y el segundo, es el problema de la historia. En sus fragmentos milmente dispersos, Benjamin dejó algunas huellas desgarradoras. Después de todo, él dio su vida por unir los fragmentos de esa vasija rota que es un lenguaje de los pobres, de los oprimidos y de su larga esperanza de venganza histórica por lo que hay de trunco en su propio tiempo-lenguaje.


[1] Habría que señalar aquí la cobardía intelectual de autores como Carlos Pérez, que trata a Benjamin por encima, siempre a despecho de su filosofía hegeliana eurocentrista. Pérez, definitivamente, no asume “los riesgos” del pensamiento de Walter Benjamin.

sábado, 24 de mayo de 2008

2 Comments:

Fernando Sagredo said...

Gran Petrovia, ando de pasadita (luego leeré tu Water Benjamín). ¿Cuándo nos juntaremos para lo de Deleuze? A propósito, conseguí una página donde hay muchos textos completos, libros enteros de filosofía. Entre ellos, encontré los estudios de cine de Deleuze, más de 300 páginas. Es cosa de tener una impresora económica y listo. Bueno, yo tengo una técnica para imprimirlos en formato libro y luego, claro, hacerlos libros. Es bastante sencillo.

Al fin leo un Stendhal po wn. Me compré la edición en dos tomos de ercilla y me han dado muchas ganas de leer a todos los escritores franceses del XVIII y el XIX. Leí a Debord también. Es bueno, pero "demasiado muy repetitivo".

Eso. Buena cosa con don Benjamín, le echaré una leída cuando esté en mi casa. Cuidate petrovia, se te echa de menos. Saludos a todos por la casa; a mis tios y a la Camila.

adeux.

Pensar y Hacer said...

Interesante postura, buen blog.

 
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